Berlín no es tuyo es un monólogo que relata el viaje de un amante abandonado. Su protagonista, usa una vieja guía turística de Berlín encontrada para hablarle al amor perdido y tratar de entender el dolor de una separación que lo enfrenta a su propia deriva, dolores y contradicciones. Su amante se ha ido a Berlín, dejándolo en una ciudad extraña, en un tiempo extraviado, en un limbo entre la dicha y la angustia, entre la vida y la muerte, entre el no-tiempo y el no-lugar.
Como en una linea de tiempo, el protagonista de esta obra transita desde los hechos históricos de Berlín a los hechos de una relación rota, delatando al tiempo como una herida, y una ciudad desconocida a miles de kilómetros, como una cicatriz en el presente.

A cada segundo, la palabra dicha anula el tiempo presente, donde los acontecimientos vuelven a suceder y encarnan un pasado del que no se puede escapar, como una condena.

“Pensar que uno no fue feliz cuando pensaba que lo era, me hace dudar del presente, de este mismísimo segundo, mi amor.” (Alejandro Moreno Jashes)

El texto dramático Berlín no es tuyo, posee la particularidad de estar, a ratos, más cerca de la narrativa que de la dramaturgia. Es como si su autor hubiese hecho el ejercicio de escribir, o mejor aún, de describir una cámara subjetiva del protagonista en el momento más trágico de una película de desamor, como ese paneo o movimiento que marea y hace perder el equilibrio, como ese movimiento que nos obliga a tener que estar atentos, que nos obliga a tener que mirarnos por dentro, como ese momento que nos hace recordar que vemos a través de los ojos, y que nos hace entender que la vida está sostenida sobre ideas tan abstractas como el amor.