Loros Negros es un texto dramático de alto vuelo poético, que tiene como figura central precisamente las imágenes construidas por medio de la palabra. Un hablante que se refiere a si mismo como “nosotros” ha tomado una decisión: quitarse la vida.

“Lo que nos llevó finalmente a decidirnos fue darnos cuenta de que mantenernos vivos es más complicado que el propio proceso de nuestra creación… A la pregunta: ¿Era realmente necesario nacer? Se le encaramó otra teniendo en consideración la total oscuridad en la que están nuestros cuerpos por dentro. Entonces la pregunta quedó: ¿Era realmente necesario nacer sin poder salir nunca de la oscuridad de nuestro envase, vivo, corrosivo y de piel?”

Lo profundamente radical y bello de la propuesta que nos hace Loros Negros es que está escrito para ser representado en la oscuridad. Como si el espectador estuviese efectivamente dentro del cuerpo en tinieblas del hablante, escuchando su voz, o sus voces interiores debatir. Es ante esta decisión que el cuerpo –cual ente independiente- reacciona “atacando” al hablante. Vivenciamos – o diremos, escuchamos- la descripción del ataque como acontece por dentro del cuerpo.

Loros Negros levanta preguntas filosóficas profundas en referencia a la separación del cuerpo y la mente y la capacidad de construcción de una realidad en el lenguaje. El interior oscuro del cuerpo aparece aquí en tanto naturaleza que se rebela en espasmos ante un sujeto que intenta determinarse al punto de decidir el momento de su muerte. Así mismo Loros Negros nos ofrece una paradoja teatral: una obra de teatro que no debe ser vista. De esta paradoja se desprenden un sin fin de posibilidades para la experimentación sonora, visual y actoral.