¿Por qué el levantador de pesas levanta diariamente toneladas entrenándose sin cobrar, y en cambio el carbonero no arrastra ni un saco de más? ¿Por qué engomar bolsas es trabajo y subir el Montblanc deporte? ¿Por qué se invierten millones de dólares en tecnología de punta para subir marcas olímpicas solo milésimas de segundos? ¿A qué viene este combate inútil que es el deporte?

En el deporte el hombre vive el combate fatal de la vida, pero ese combate está distanciado por el espectáculo, reducido a sus formas, liberado de sus efectos, de sus peligros y sus vergüenzas. El combate deportivo se encuentra descolgado de la vida normal, tal como el teatral, y por lo mismo se alza puramente como signo.

El héroe deportivo parece festejar el haber vencido a sus rivales, pero ha vencido algo tanto mayor. Ha desafiado a la gravedad subiendo la montaña, ha controlado el movimiento impredecible del balón, ha desafiado las capacidades de la máquina que es su cuerpo saltando más alto, lanzando más lejos, corriendo más rápido: ha vencido la resistencia de las cosas. La que se alza con la victoria, en realidad, es una cierta idea del hombre y del mundo, o más bien una cierta idea del hombre en el mundo. El deporte es el espectáculo del cuerpo por excelencia y el deporte moderno es el espectáculo del rendimiento: es el signo mayúsculo de una idea del hombre, moderna, cartesiana, industrializada.

Durante los últimos meses Teatro de Chile ha estado entrenando y compitiendo, en un proceso creativo donde el actor es sólo un jugador, donde la acción es jugar, donde la creatividad es solo táctica y estratégica. Los jugadores están prendados al objetivo, y sus cuerpos se forman, se deforman y se re-forman persiguiéndolo. El deporte se revela como un drama vacío cuya catarsis promueve la eficiencia, renegando de lo inútil, lo improductivo, lo ambiguo o lo ineficaz.

Entonces, desde el jugador jadeante y agotado surge inevitablemente la pregunta ¿Y que sería de mi y todo esto si me dejo ganar? ¿Qué si tiro la toalla? ¿Qué si renuncio, si me rindo, qué si no rindo? ¿Qué profunda rebeldía habría implícita en eso?